Sentirse solo estando acompañado: las dos soledades

Hay algo que desconcierta a muchas familias: «pero si mi madre no está sola, si nos tiene a todos». Y es verdad, y a la vez no lo es. Porque la soledad no va de cuántas personas tenemos alrededor, sino de si esas relaciones nos llenan. Se puede vivir rodeado de gente y sentirse profundamente solo, igual que se puede vivir solo y no sentirse solo en absoluto.

Soledad social y soledad emocional

El estudio del Observatorio Social de la Fundación «la Caixa», hecho con más de 14.000 personas mayores, distingue dos caras del mismo problema que ayudan mucho a entenderlo. La soledad social es la insatisfacción con nuestras relaciones: la sensación de no poder contar con nadie si hiciera falta, de que falta apoyo alrededor. La soledad emocional es otra cosa, más honda: la falta de sentido, el sentimiento de abandono y la tristeza por la ausencia de vínculos que de verdad importen, aunque haya gente cerca. Una llamada de dos minutos de un hijo con prisa alivia poco la segunda; esa pide otra cosa: conversación de verdad, sentirse escuchado, importarle a alguien.

Por qué la distinción es útil, y no solo teoría

Porque cada soledad se cuida distinto. Si lo que falta es red, el camino son las actividades, los grupos, los programas de compañía, la vida de barrio: sitios donde conocer gente. Si lo que falta es profundidad, de poco sirve llenar la agenda; hace falta cultivar pocas relaciones pero buenas, con tiempo y con verdad. Hay personas mayores con la agenda del centro de mayores llena y una sensación de vacío que no entienden, y se preguntan qué hacen mal. La respuesta suele ser: nada. Simplemente están regando el jardín equivocado.

Un apunte sobre las mujeres

Los datos del Observatorio SoledadES muestran que, a partir de los 65 años, el sentimiento de soledad es casi ocho puntos mayor entre las mujeres que entre los hombres (un 19,9% frente al 12%). Influyen la mayor esperanza de vida femenina y la viudez: entre las personas viudas de 70 o más años, el 82% son mujeres. Detrás de cada porcentaje hay muchas mujeres que cuidaron toda la vida y que, llegado el momento, echan en falta quien las cuide a ellas. A ellas, especialmente, va dedicada esta página.

Para pensar: la pregunta útil no es «¿cuánta gente tengo alrededor?», sino «¿con quién puedo hablar de verdad?». Si la respuesta tarda en llegar, ese es el hilo del que empezar a tirar. Antonio, nuestro asistente de compañía, es un buen sitio donde empezar a ordenarla, a cualquier hora y sin prisas.

Fuentes: Observatorio Social de la Fundación «la Caixa», «La soledad no deseada en las personas mayores» (Yanguas et al.); Fundación ONCE / Observatorio SoledadES, datos por sexo y viudez.